El fin último del Estado es el alcance de la paz y la justicia para la construcción de la comunidad política. El artículo primero de la Constitución Política de Colombia reza: “Colombia es un Estado Social de derecho (…) fundada en el respeto de la dignidad humana”, ratificado en el artículo segundo que señala dentro de los fines esenciales del Estado: “defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo”. No cabe duda que la paz y la justicia están consagradas como derecho. Pero no basta con decir que el Estado debe garantizarlos, sino que estos valores supremos deben estar materializados efectivamente para la sociedad y el individuo. En este sentido, el derecho, que es el instrumento de materialización de los valores del Estado, debe posibilitar la realización efectiva de los mismos, de tal suerte que el contenido de estos principios constitucionales se concrete para su goce efectivo. De ahí que el ciudadano vulnerado busque siempre “que se haga justicia”, indicando que no se trata solamente del fallo del juez; el juez puede fallar en derecho pero no necesariamente hacer justicia. De esta manera, la justicia y la paz van más allá de la aplicación del derecho; encarnan valores sociales universales que solo se materializan si el escenario de lo político los comprende. Cuando el poder político pierde el norte en la comprensión de estos valores supremos estatales, difícilmente podrá materializarlos y quedarán en el papel del contrato social. El reto político de los gobiernos es lograr comprender los valores supremos del Estado y garantizarlos para realizarlos. El clima político de hoy en Colombia expresa esa tensión entre el postulado constitucional de la paz como derecho y su materialización efectiva en cada uno de los ciudadanos, como ya lo decía Kant. Es evidente que la paz, ha de traer el final de la violencia, no la aniquilación del contradictor político y en esta hora, que puede ser la hora de la verdad, el gobierno colombiano deberá aceptar que es tiempo de diálogos y negociaciones hacia la construcción de la paz o ¿acaso permanecerá autista, después de la impresionante demostración de voluntad de cambio evidenciada en la pasada Marcha Patriótica Nacional, que no pudieron ocultar los medios? Con esta carta sobre la mesa, el turno le corresponde al presidente Santos. En la Marcha Patriótica del pasado 23 de abril, gran parte de la sociedad civil colombiana sacó la llave, saque ahora usted la suya señor presidente, ah y ¡quítele el cerrojo!