Cultivemos la alegría

Su origen etimológico procede del latín alacer que significa «animado». En su acepción más amplia alude a una de las emociones positivas más poderosas y eficaces en la vida de las personas porque a más de aportar sensación de bienestar y plenitud, se halla asociada con la empatía a la luz de los beneficios que nos brinda en pro de alcanzar una vida plena y saludable.

De ahí que cada primero de agosto se conmemora el Día Mundial de la Alegría. Países como Chile, Brasil, Bolivia, Argentina, Venezuela, Colombia, México, entre otros, le rinden tributo a tan excepcional sentimiento, con el propósito de impulsar campañas de concientización dirigidas a realzar la conveniencia de fomentar una actitud positiva y constructiva ante la vida.

En su libro En busca de la alegría, María Inés López-Ibor, renombrada psiquiatra española, señala que, si bien surge tras un acontecimiento positivo, de igual forma es un rasgo de la personalidad que lleva a las personas alegres a cultivar un espíritu de optimismo ante la vida. En términos concretos «todos podemos buscar experiencias que nos produzcan alegría, bienestar o gozo, pero, además, podemos buscar ser alegres, destacando siempre el lado positivo de lo que nos sucede».

Si bien se trata de una respuesta emocional transitoria, quienes hacen gala de tan notable cualidad, reflejan un poder transformador, puesto que más allá de constituirse en predictor positivo asociado al bienestar, como valor humano y pese a las dificultades y el trajín cotidiano se constituye en factor determinante en términos de calidad de vida.

Desde el marco de la afectividad humana, cómo no rendirle tributo a la emblemática «Oda a la Alegría», poema escrito por el destacado filósofo alemán Friedrich Schiller en 1786 y musicalizada majestuosamente en 1823 por Beethoven, obra maestra de la música clásica que inmortalizó en su Novena Sinfonía, donde se consagran valores como la libertad y la felicidad. Es tal su importancia que en 1985 fue adoptada como himno oficial de la Unión Europea.

Así las cosas, y mientras nos ejercitamos en la pedagogía de la alegría, los dejo con la emblemática cita atribuida a Su Santidad Francisco: «si algún día la tristeza te hace una invitación, dile que ya tienes un compromiso con la alegría y que le serás fiel toda la vida».

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