Mientras dormimos, en el centro de Neiva a medianoche se activa un creciente comercio informal de tinto, arepas, morcilla, chicharrón, tamales, perros calientes, jugos, entre otros, sin el más mínimo control sanitario y de espacio público. Son estas actividades las que ensombrecen los amaneceres porque dejan los residuos por las calles y andenes; vasos y cajas de comida desechable, envases plásticos, hojas de tamales, cáscaras o papeles, son el escenario que nos entregan aquellos habitantes nocturnos. ¿No podría la administración municipal tomar cartas en el asunto? Parte de la fealdad del centro de la ciudad son las basuras y no se explica uno cómo, con el permanente barrido que hace la empresa de aseo, en cada esquina amanece un foco de contaminación. Además de los problemas sanitarios que generan estas actividades ilegales nocturnas, hay qué pensar en el daño para la salud de aquellas personas que consumen alimentos que no tienen el control respectivo; cuántas personas se enferman, y ya le echan la culpa de todo a los médicos, cuando deberían cerciorarse de consumir alimentos en sitios reconocidos que tengan licencia de salud pública. Los mínimos controles por parte de las autoridades, en todos los ámbitos, convierten nuestra urbe en un territorio salvaje donde la impera la ley del más fuerte. Estas actividades mencionadas se suman a otras donde es necesario que el Estado se haga presente con el imperio de la ley; de lo contrario estamos generando una convivencia donde la ilegalidad se convierte en la norma. Cuántas personas a diario violan los semáforos, cuántos violan el espacio público, cuántos arrojan la basura al piso sin contravención; las sanciones deben se más drásticas y con el producto de las multas aumentar la vigilancia. A propósito de la vida nocturna, en estos días leí la noticia de un grupo de ciudadanos que regalan comida a los indigentes en la noche; muy loable labor pero resulta que le entregan a estas personas cajas desechables que luego botan a la vía pública; estas actividades deberían ser acompañadas de un mensaje ambiental para evitar aumentar el desorden del centro. Esperamos alguna respuesta de las autoridades respectivas. Nota: Lamentamos profundamente el fallecimiento de Luis Fernando Aldana, nuestra solidaridad con su esposa Marisela Castro y su hija Valentina, sus padres Absalón y Beatriz, y toda su familia.