La Nación
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En volandas, Por Amylkar D. Acosta M*

No es serio ni mucho menos responsable, que se pretenda por parte del Gobierno que el Congreso de la República

No es serio ni mucho menos responsable, que se pretenda por parte del Gobierno que el Congreso de la República apruebe en volandas, en menos de dos meses, un proyecto de reforma tributaria que le tomó más de dos años para elaborarla y finalmente radicarla para su trámite.

El Gobierno le debe todavía una explicación al país del súbito cambio de la propuesta de reforma tributaria propuesta por el ex ministro Juan Carlos Echeverri y la que ahora defiende su equipo económico encabezado por el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas. En la misma hay muchos temas tan complejos como contenciosos, como para despacharlos a la ligera y el país no entendería que por andar en estos apremios se terminara aprobando una reforma más, pasando por alto las graves falencias que acusa el Estatuto tributario, convertido en una colcha de retazos.

Entrando en materia digamos que si bien, como lo sostiene el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, “esta no es una reforma para aumentar el recaudo” y en este sentido es neutra, este es un mensaje que aunque es tranquilizador para los contribuyentes, no va en la dirección correcta. Aunque en los últimos dos años el recaudo de impuestos ha tenido un buen comportamiento y el fisco nacional ha tenido cierta holgura debido al auge minero – energético, como lo sostiene el Director de la Dian Juan Ricardo Ortega “se está recaudando el 14% del PIB en el mejor escenario, mientras que Brasil paga el 34% del PIB”.

El entonces Ministro de Hacienda cuando se tramitó la reforma tributaria de 2002 Alberto Carrasquilla también habló del efecto neutro de la misma y al final le salió costando un ojo de la cara al país. Entre 2003 y 2008 las gabelas impositivas decretadas en dicha reforma le costaron al fisco la friolera de $26 billones. Muchas de ellas seguirán vigentes, pese a que en el texto de esta reforma se deroga la Ley 963 de 2005 que las blindó, porque al amparo de la misma 66 grandes empresas suscribieron contratos de estabilidad jurídica que se les garantiza hasta el término de los mismos. Según un estudio reciente del Banco Mundial, “el costo fiscal de los gastos tributarios en Colombia oscila entre un 3% del PIB (cifras oficiales) y un 4.5% del PIB (de acuerdo a la estimación realizada en este estudio)”.

Ahora nos viene el Ministro Cárdenas con que “hemos beneficiado mucho al capital y llegó la hora de beneficiar el empleo”, para lo cual propone “la necesidad de disminuir la presión tributaria sobre las empresas”, justo para lo mismo, para incentivarlas para que mediante el “alivio a la inversiónse promueva la formalización laboral y empresarial”. A pesar del fracaso de esta estrategia se persiste en ella contumazmente. Hasta el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes pone en duda la eficacia de la misma; advierte él que “no se sabe si el efecto neto de estas acrobacias fiscales son favorables para las empresas y mucho menos si lo es para el empleo”. Entonces, a qué juega el Gobierno.