La era digital se ha impuesto bajo el sofisma de ofrecer libertad a los ciudadanos contemporáneos; estos sienten que tienen rendido el mundo a sus pies porque con tan solo un clic compran un producto que está en otro continente o se comunican con personas en lugares remotos. En este marco, la conectividad ha venido ofreciendo oportunidades a los sujetos para se puedan convertir en corredores de bolsa, emprendedores y jefes de sí mismos; la promesa es ganar en dólares y quienes venden este humo son conscientes de la crisis económica para atraer adeptos.
En las revistas más prestigiosas de economía aparecen, cada tanto, jóvenes exitosos, emprendedores multimillonarios gracias a los negocios que, supuestamente, han desarrollado en el ámbito digital. Con aire fresco, al estilo Mark Zuckerberg, otras personalidades se convierten en el modelo de empresario actual: es su propio jefe y a muy corta edad ya es poseedor de una gran fortuna. El mensaje central es que hay que ser rendidor y efectivo para ir tras el dinero. De fondo, se expande la idea de que estudiar es una actividad que no deja réditos, la actividad intelectual consume tiempo y energía que podría ser utilizada en la navegación por todo tipo de negocios en el metaverso, esa realidad virtual que avanza a una velocidad esquizofrénica. La especulación y la promesa de aumentar los pesos es tentadora, especialmente en un momento de inflación exorbitante. El problema con esto es que se trata de otro sofisma más del modelo económico neoliberal. Con estas “innovaciones” logran atraer personas que creen entrar en el último escalón de la civilización: con sus computadores y móviles los negociantes online se conectan desde donde estén, tienen la sensación de ser omnipresentes. La realidad es que la matriz del modelo no ha cambiado significativamente: la riqueza se reúne en unas pocas manos, cada vez menos, mientras la pobreza, la desigualdad y la marginalidad aumentan significativamente.
Mientras tanto, se afianza el mundo digital como un hogar que ofrece distracción a cambio de la más infinita soledad. Entregamos toda la información de nosotros mismos y desconocemos que ese es justamente el negocio de las élites actuales: anticiparse con el fin de guiar los patrones de consumo para vender lo que quieren. Juegan plácidamente con nuestros datos en medio de una nebulosa que parece incontrolable. Es importante pensar en formas colectivas de cambiar estas lógicas macabras del presente.