A través de binoculares, libretas y mucha curiosidad, los niños, niñas y familias, aprenden sobre aves y su importancia para el medio ambiente, en compañía de la fundación huilense Pajareritos, quienes desean “sembrar la semilla de la conservación” en la nueva generación.
En un mundo cada vez más digitalizado, donde las pantallas a menudo sustituyen la experiencia directa con la naturaleza, la Fundación Pajareritos, se propone unir a la familia en torno a las aves, mientras se aprende a conservar el medio ambiente. Fundada en 2019 por Alexandra Mañosca Lasso, esta organización tiene como objetivo despertar la curiosidad y el amor por el entorno natural en los niños a través de la observación de aves. En entrevista con LA NACIÓN, Alexandra compartió con nosotros el origen, los desafíos y los logros de esta admirable iniciativa.
Pasión por la naturaleza
El camino de la Fundación Pajareritos comenzó a gestarse en la mente de Alexandra durante su tiempo como profesora de ciencias naturales y guía de turismo. “La idea nació de la unión de varias pasiones. Mi amor por la educación, los viajes y la naturaleza se combinaron cuando empecé a notar el entusiasmo de los niños en nuestras rutas de observación de aves. Me di cuenta de que podía hacer algo más grande”. Así, el deseo de ofrecer una experiencia de aprendizaje activa y directa se convirtió en una misión.
La propuesta de la fundación es clara: enseñar a los niños sobre el mundo natural no desde un aula, sino desde el mismo corazón del bosque. La metodología se centra en el aprendizaje práctico, donde los pequeños pueden tocar, sentir y observar la naturaleza. “En las aulas, el conocimiento se limita a lo que dice un libro; en el bosque, el aprendizaje se siente”, afirma Alexandra, convencida de que la curiosidad innata de los niños puede florecer en un entorno natural.
Superando desafíos
Mantener viva una iniciativa como la Fundación Pajareritos no es tarea fácil. Alexandra reconoce que uno de los principales retos es asegurar los recursos necesarios para continuar sus actividades. “La fundación se sostiene a través de donaciones y proyectos a los que aplicamos, además del apoyo de empresas y personas” solidarias, comenta. Desde sus inicios, la fundación ha trabajado de manera gratuita, permitiendo que los padres cubran el transporte y la alimentación de los niños durante las actividades, además de su acompañamiento.
Incluso en tiempos de pandemia, la fundación encontró maneras de seguir en contacto con los niños, adaptándose a las circunstancias con actividades virtuales. La resiliencia de la organización ha sido vital para mantener el interés y la participación de los niños, quienes han llegado a través de convocatorias de proyectos de diferentes empresas o instituciones.
Expansión y alcance
Hasta la fecha, la Fundación Pajareritos ha beneficiado a cerca de 600 niños, distribuidos en diferentes regiones de Colombia, incluyendo el Huila, Caquetá y Putumayo. “Cada una de estas regiones las llamamos ‘nodos’ y aspiramos a expandir nuestras actividades a otras partes del país”, detalla Alexandra. Con la ayuda de profesores voluntarios en el departamento del Caquetá, la fundación ha podido llevar a cabo recorridos en diversas áreas rurales, proporcionando a los niños camisetas, binoculares y otros materiales necesarios para sus exploraciones.
Los recorridos de observación de aves son no solo educativos, sino también transformadores. “Los niños tienen la oportunidad de registrar sus experiencias a través de fotos, videos y en sus propias libretas de campo, donde dibujan y hacen listas de aves”, explica Alexandra. Además, algunos de ellos han creado cuentas de Instagram dedicadas a compartir sus descubrimientos, lo que demuestra el impacto que la fundación tiene en su vida cotidiana.
Colaboración y proyectos
Uno de los pilares fundamentales de la Fundación Pajareritos es su colaboración con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, (ICBF). Alexandra destaca la importancia del programa “Experiencias Comunitarias”, que busca proporcionar espacios protectores para los niños durante las vacaciones. “El año pasado, beneficiamos a 101 niños en Putumayo, y este año hemos ampliado el alcance a 188 niños en el nodo del Macizo Colombiano (Pitalito, Huila)”, comenta con orgullo. Esta colaboración no solo ofrece actividades recreativas, sino que también refuerza los derechos de los niños, que son especialmente vulnerables durante estas épocas.
Sembrando la semilla de la conservación
La misión de la Fundación Pajareritos trasciende la simple observación de aves; se trata de formar un vínculo profundo con la naturaleza y fomentar el respeto por el medio ambiente. “Queremos sembrar la semilla de conservación en los corazones de los niños, niñas, adolescentes y sus familias a través de las aves”, afirma Alexandra. Al aprender sobre el hábitat de las aves y su coexistencia con otros seres vivos, los niños desarrollan un sentido de responsabilidad hacia el entorno.
Este aprendizaje se traduce en acciones concretas en sus hogares, donde los padres comienzan a adoptar hábitos más sostenibles. La participación de las familias es crucial, ya que el impacto del aprendizaje en el bosque se amplifica en la comunidad.