En días recientes, la polémica en torno a la canción +57, creada por destacados reguetoneros colombianos, ha captado la atención de Gustavo Petro. Es cierto, podría interpretarse como apología de una imagen negativa del país, y es válido que se generen debates sobre la responsabilidad de los artistas al representar a Colombia en el ámbito internacional. Sin embargo, preocupa profundamente que el Petroceso, en lugar de focalizarse en problemas críticos que afectan a miles de ciudadanos, elija priorizar este tipo de controversias en redes sociales.
Las tragedias climáticas que actualmente afectan a regiones como el Chocó y otros departamentos son alarmantes. Las lluvias han dejado a familias sin hogar, han causado daños incalculables y han puesto en riesgo la vida de muchos colombianos. A pesar de la gravedad de estas situaciones, la respuesta gubernamental parece quedarse corta, mientras la atención se desvía hacia peleas mediáticas que no resuelven los problemas urgentes del país.
Aún más preocupante es el manejo contradictorio del gobierno en otros aspectos. Mientras Petro con firmeza participa en críticas del jet set, se muestra firme al criticar a músicos, otorga el título de gestores de paz a individuos con un pasado criminal marcado por delitos como homicidios, violaciones a menores de edad y secuestros. Estos hechos son inconcebibles y generan una mezcla de indignación y desconcierto entre la ciudadanía. ¿Cómo es posible que, en un país donde se exige justicia y reparación para las víctimas, se premie a personas que han causado un daño tan profundo?
Ah se me olvidaba, el doble discurso de este gobierno aplica para todo.
Es innegable que el gobierno debe tener prioridades claras, y estas deben centrarse en la protección y bienestar de los colombianos, especialmente en momentos de crisis. La tragedia humanitaria que viven muchas regiones de Colombia requiere un liderazgo decidido, capaz de responder con políticas efectivas y una gestión rápida de los recursos. Sin embargo, el enfoque actual de Petro, más inclinado a librar batallas simbólicas y a emitir críticas en redes sociales, parece alejarse de las verdaderas necesidades del país.
En conclusión, Colombia merece un gobierno que ponga la atención donde realmente importa: en la gente y en sus problemas más urgentes. Las distracciones, por muy mediáticas que sean, no deben desviar el propósito principal de un liderazgo que se supone está al servicio de todos. Lo que se necesita es acción frente a las tragedias climáticas, justicia para las víctimas de violencia, y un compromiso real con el desarrollo y la seguridad de nuestro país. Es momento de que las prioridades se ajusten a la realidad de la nación y que el gobierno muestre que está verdaderamente a la altura de las circunstancias.